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Economía

Cuando cumplir con IFRS 16 no es suficiente

Durante los últimos años, el cumplimiento de IFRS 16 se ha convertido en una práctica estandarizada en las agendas de los directores financieros. Prácticamente todas las empresas medianas y grandes tienen ya sus balances ajustados, los auditores revisan las revelaciones año con año y los papeles de trabajo se cierran a tiempo.

Desde fuera, el proceso parece bajo control. Desde dentro, muchas veces deja una sensación incómoda: la de haber cumplido con la norma, sin que esto sume un solo gramo de valor a la gestión real del negocio.

El problema central no es IFRS 16. La norma es técnicamente lógica y busca transparentar el verdadero nivel de apalancamiento de las empresas. El problema real está en cómo se digiere internamente.

En la práctica, el control de los arrendamientos suele abordarse como un mero ejercicio de cierre contable: identificar el contrato, aplicar una tasa de descuento y registrar el activo y el pasivo correspondientes. Si el auditor firma sin salvedades, se asume que el riesgo está mitigado.

Muchos modelos de cumplimiento «exitosos» se vuelven extremadamente frágiles ante el día a día del negocio. No porque las fórmulas fallen, sino porque el proceso contable se diseñó de forma aislada, ignorando que los contratos de arrendamiento son entes vivos que cambian constantemente.

Uno de los errores más comunes es dejarse seducir por la ilusión del EBITDA. Se celebra un incremento en los márgenes operativos porque el gasto de renta se desplazó hacia la depreciación y los intereses. Sin embargo, se olvida que este beneficio es puramente cosmético: la carga financiera real y la salida de flujo de efectivo hacia los arrendadores siguen siendo exactamente las mismas. Gestionar una empresa basados en un indicador inflado por un criterio contable es una estrategia peligrosa.

Otro error frecuente es el costo de la flojera operativa al procesar los contratos. Por comodidad o por acelerar el cierre, muchas empresas omiten la separación entre los componentes de renta y los de servicio (como mantenimiento o seguridad). Al calcular el pasivo sobre el total de la factura, terminan inflando artificialmente su deuda corporativa, registrando hoy compromisos de servicios que ni siquiera se han prestado.

IFRS 16 permite el uso del juicio profesional. Lo que no perdona es la desconexión con la realidad económica. Pasar la auditoría anual no elimina la responsabilidad de entender si los números reflejan la verdadera estrategia operativa de la empresa.

Cuando IFRS 16 se adopta solo como un checklist de cumplimiento, el costo real no es una observación del auditor. El costo es tomar decisiones de inversión o financiamiento basadas en un balance distorsionado por la comodidad contable.

Cumplir es necesario. Decidir bien es indispensable.